Una escena que debió estar marcada por respeto y gratitud terminó empañada por el dolor de una injusticia.
El rescatista que participó en el hallazgo de Rubby Pérez —quien fue reportado desaparecido por unas horas antes de su fallecimiento— no pudo darle el último adiós.
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A pesar de haber sido clave en el momento más crítico, no se le permitió ingresar al funeral del legendario merenguero.
Según testigos y medios locales, el hombre llegó con la esperanza de rendirle homenaje a Rubby, no como una figura pública.

Sino como el ser humano que ayudó a encontrar con vida antes de que su estado de salud empeorara.
Sin embargo, fue detenido en la entrada del salón velatorio al no estar “en la lista autorizada de ingreso”.

Su reacción fue tan digna como emotiva: con lágrimas en los ojos, dijo a los periodistas presentes que no buscaba reconocimiento ni cámaras.
“Solo quería despedirme de él como un ser humano. Yo estuve ahí cuando lo encontraron… pensé que eso bastaba para estar aquí hoy.”

La situación ha generado controversia en redes sociales, donde muchos opinan que la familia debió permitirle la entrada por simple humanidad.
Otros sugieren que fue un error logístico, no intencional.

A pesar del rechazo, el rescatista se quedó unos minutos frente al lugar, hizo una breve oración y se retiró en silencio.
Su gesto ha sido visto por muchos como más valioso que cualquier tributo público. Porque a veces, los héroes no necesitan aplausos, solo respeto.
