Mía de Molina, hija de Raúl y Milly de Molina, regresó a Miami después de una estadía de cinco años en Washington D.C., decidida a explorar la vida independiente.
A pesar del apoyo de sus padres, Mía confiesa que extraña profundamente la cercanía familiar y frecuenta la casa de sus padres en Key Biscayne.

Inicialmente, su transición a la vida universitaria en D.C. fue difícil, sintiendo una profunda nostalgia por su hogar en Miami y considerando incluso regresar para estudiar en su ciudad natal.
Sin embargo, el aliento de su madre la persuadió a quedarse en D.C. y enfrentar los desafíos con valentía.

Al mudarse sola durante su segundo año universitario, Mía experimentó una transformación significativa, adquiriendo una valiosa independencia y aprendiendo a cuidarse por sí misma.
Tras graduarse, optó por vivir en su propio departamento en Miami, aunque sigue disfrutando del tiempo que pasa con sus padres y reviviendo los recuerdos de su infancia en la casa familiar.

Aunque su padre bromea sobre su frecuente presencia en casa, Mía valora la conexión emocional que comparte con sus padres y el afecto que siente por su hogar de toda la vida.
Sus aspiraciones incluyen encontrar un trabajo que le permita combinar su pasión por la moda con su formación en Negocios Internacionales.

Con el objetivo de alcanzar independencia financiera y demostrar su capacidad para triunfar por mérito propio.
En su deseo de llenar de orgullo a sus padres, Mía está determinada a forjar su propio camino y demostrar su capacidad para prosperar en el mundo profesional.

Aunque reconoce la importancia del apoyo y la influencia de sus padres en su vida, también está decidida a establecerse como una mujer independiente y exitosa.
AQUI LA RAZON PORQUE YA NO VIVE CON SUS PADRES

