Vicente Fernández logró consolidar una fortuna que trascendió los escenarios y estudios de grabación.
Aunque su nombre está ligado a más de 30 películas, 80 discos y más de 300 canciones.

La verdadera base de su patrimonio no fueron únicamente las regalías artísticas, sino la visión empresarial que desarrolló a lo largo de su vida.
El ídolo de la música ranchera supo invertir y diversificar sus ingresos en negocios sólidos y duraderos.

Su primera gran apuesta fue el Rancho Los Tres Potrillos, un espacio de 200 hectáreas que no solo se convirtió en su hogar, sino también en un emporio.
Allí levantó una prestigiosa crianza de caballos pura sangre y miniatura, conocidos como “Los Fernández”, cuyo valor mínimo rondaba los mil 500 dólares por ejemplar.

En ese mismo lugar construyó un restaurante y la Arena VFG, con una inversión millonaria que permitió dar vida a un recinto de espectáculos con capacidad para 15 mil personas, sede de conciertos internacionales y eventos de charrería.
El cantante también expandió su imperio con el tequila Los Tres Potrillos, cuyo precio en ediciones limitadas alcanzaba los 100 dólares por botella.

Junto a su hijo Alejandro fundó la empresa de taxis aéreos “El Caminante”, demostrando que su instinto para los negocios iba más allá de la música y del entretenimiento tradicional.
Estas inversiones le dieron un alcance económico más amplio y diversificado.

Finalmente, todos sus proyectos quedaron agrupados bajo el Grupo Fernández, que incluía 20 compañías enfocadas en cultivos, bienes raíces y representación artística.
Con alianzas importantes, como la que mantuvo con Ocesa, consolidó un emporio familiar cuyo destino está asegurado en su testamento.
Sus hijos Vicente Jr., Gerardo, Alejandra y Alejandro, junto a su viuda Doña Cuquita, serán los herederos de esta riqueza, protegida con previsión para evitar disputas y garantizar estabilidad económica en el futuro.
